lunes, 19 de marzo de 2012

Caracas de Ayer, de hoy y de Siempre

Caracas de Ayer, de hoy y de Siempre 

Caracas de antaño. Esquina de Gradillas
Napoleón Pisani Pardi
    Es el título que elegimos para éste programa de visitas guiadas por algunos lugares de interés del centro y los espacios circundantes de la metrópolis, y que dedicamos a la memoria de Raúl Santana., un extraordinario Cronista Plástico de Caracas. Lugares de gran importancia histórica, artística, arquitectónica y espiritual, que existen en ésta ciudad capital. Tan rica en sucesos de toda índole, y tan necesitada de atención y de respeto por parte de los habitantes de ésta desordenada urbe. El pasado le solicita al transeúnte detenerse para darse cuenta, aunque sea por un instante, que lo envuelve la historia.

    Cuatrocientos cuarenta y cuatro años han trascurrido desde el momento en que Diego de Losada fundara a Santiago de León de Caracas, la ciudad embellecida y protegida por ese inmenso y hermoso monumento natural que es el cerro del Avila. Ciudad retratada en una pintura colonial, “Nuestra Señora de Caracas”. Aquella imagen aparece suspendida en el aire, y en actitud de protección sobre la ciudad, que ya ha sobrepasado las veinticuatro manzanas de aquel conocido plano de 1578, mandado a hacer por el gobernador Juan de Pimentel.
El Ávila visto desde el Country Club
 Oleo de Manuel Cabré

    Si el transeúnte aminorara sus pasos y observara, con detenimiento, las arquitecturas que rodean la plaza, y observara también, los relieves conmemorativos adosados en los muros de algunas de estas arquitecturas. Si se interesara por entrar al Museo Sacro; a la iglesia Catedral; y a la Capilla Santa Rosa de Lima; al Museo Raúl Santana; a la Sala de los Pendones; al Museo Emilio Boggio; a la Sala Dorada y al espacio donde están las maquetas de Ruth Neumannn, éstos últimos seis espacios pertenecientes al Concejo Municipal de Caracas, podría rememorar unos cuantos episodios de nuestra historia que sin duda, le ayudarían a despertar en él un sentido de pertenencia, que le permita valorar con propiedad esos importantes espacios.
    No se puede amar lo que no se conoce. Es menester, entonces, pasearse con entusiasmo por la historia que está por todos lados de la ciudad: en las grandes y pequeñas obras, en los detalles que esperan ser encontrados y valorados adecuadamente, como esa hermosa aldaba de una vieja puerta en La Pastora, que un artista artesano, de hace ya mucho tiempo, creara con la mayor devoción y amor por su trabajo.
    Los nombres de las esquinas nos señalan, también, un sin fin de hechos ocurridos en la ciudad. Esas denominaciones son expresiones del ingenio popular que dan fe del carácter y la imaginación del caraqueño. Así nos lo hizo saber Carmen Clemente travieso en ese delicioso libro suyo titulado “Las Esquinas de Caracas”.
Monumento al Libertador en la Plaza Bolívar de Caracas

    Pero volvamos a la Plaza Mayor, nombre original de la Plaza Bolívar, lugar donde se alzaban los cadalsos y las picotas durante la colonia, y donde igualmente se llevaban a cabo corridas de toros en los días de Santiago, Santo Patrón de la ciudad, y era también, lugar de presentación de obras teatrales, y sitio donde de vez en cuando funcionada un mercado. En ésta Plaza Mayor fue ahorcado el patriota José María España en 1799. Manuel Gual, su compañero en aquella famosa conspiración de 1797, sería envenenado años después en Trinidad.
    En éste corazón de la ciudad, un Viernes Santo de 1802 se escuchó por primera vez el “Popule Meus” de José Angel Lamas. Esa música sacra salía de la Catedral para ungir, con el mayo fervor, los cuerpos y los espíritus de todos los creyentes de aquella pequeña ciudad colonial. Ocho años después, un Jueves Santo, el Capitán General Emparan renunciaba a su cargo, y firmó, sin saberlo, la partida de nacimiento de Venezuela. Esos sucesos del 19 de Abril de 1810, están plasmados en un conocido cuadro de Juan Lovera que se encuentra en la Capilla Santa Rosa de Lima, del Concejo Municipal de Caracas. Allí también está del mismo autor, el cuadro titulado “El 5 de Julio de 1811”. Cuadros de importancia documental y artística, pues Lovera fue testigo presencial de aquellos dos sucesos. En éste segundo cuadro aparece Miranda, un hombre ya mayor, de 61 años, canoso y con el abdomen abultado, nada que ver con aquel Miranda idealizado por Martín Tovar y Tovar en su pintura “La Firma del 5 de Julio 1811”.
Martín Tovar y Tovar. Firma del Acta de la Independencia del
5 de Julio de 1811
 Ese cuadro se encuentra en el Salón Elíptico del Palacio Federal. En la parte alta de éste Salón se puede apreciar, del mismo autor, “La Batalla de Carabobo”, obra de más de cuatrocientos cincuenta metros cuadrados, trabajo que tanta admiración le produjo al pintor mexicano David Alfaro Siqueiros, que al contemplar la obra dijo: “Es la pintura monumental más importante de la América Latina”.
    Hay muchas historias en todos estos espacios privilegiados por las circunstancias más disímiles, que es necesario dar a conocer a las personas de todas las edades. Bueno y emocionante es armar ese inmenso rompecabezas que es la historia, donde todo se relaciona con todo, donde todo se explica y nos explica. Donde la realidad es más interesante que cualquier libro de cuentos y aventuras. Las andanzas del general Rafael de Nogales Méndez son más extraordinarias que las de cualquier héroe de ficción. Igual de extraordinarias fueron las marchas de centenares y miles de kilómetros de nuestros ejércitos libertadores, como igualmente extraordinarias fueron los actos de valor de los hombres y mujeres que combatieron en tantas batallas durante la Guerra de Independencia y la Guerra Federal. También es interesante saber que los piratas ingleses que comandaba el capitán Amyas Preston, fue enfrentado por un solo hombre, el legendario Alonso Andrea de Ledesma, una especie de caballero andante, que murió valerosamente en ese encuentro con los piratas, cuando éstos entraron a Caracas en aquel año de 1595.
José Antonio Páez

    La Plaza Mayor, llamada también Plaza de la Catedral y Plaza del Mercado, recibiría el nombre de Plaza Bolívar en 1842, cuando, bajo el segundo gobierno de Páez, los restos del Libertador serían trasladados de Santa Marta a Caracas. Una ordenanza de aquel año decía que se colocaría una estatua ecuestre de Simón Bolívar en ese lugar. Ordenanza que nunca se cumplió.
    Esa estatua del Libertador, por decreto del Presidente Antonio Guzmán Blanco en 1872, sería inaugurada dos años luego de ese decreto. Esa obra del escultor italiano Adamo Tadolini, es una copia fiel de la estatua, del mismo autor, que se encuentra en la plaza principal de Lima, Perú. Ante ese monumento en honor a Bolívar en Caracas, llegó José Martí en 1881, “sin sacudirse el polvo del camino”, para rendirle homenaje al Padre de la Patria.

"Gardel" Marisol Escobar
    En pleno centro de Caracas, en el Teatro Principal, vino Gardel a cantarle a sus habitantes. Eso fue en 1935, poco antes de morir en aquel trágico accidente aéreo ocurrido en Medellín. Hoy existe un monumento para honrar su memoria, realizado por la artista Marisol Escobar, que está en Caño Amarillo, donde llegó Gardel en el tren inaugurado en 1883 por Guzmán Blanco, cien años después del nacimiento del Libertador.

Catedral de Caracas
    Volvemos a insistir en que es menester darle una mirada atenta a las arquitecturas que rodean la Plaza Bolívar. Entre esas arquitecturas sobresale la Catedral de Caracas, monumento que está lleno de historias y recuerdos. Fue frente a éste templo donde el patriota Francisco Salias detuvo a Vicente Emparan y lo obligó a volver al Cabildo, para así cambiar la historia del país.
    En una de las capillas de la Catedral, reposan los restos de los padres y la esposa del Libertador. En su última visita a Caracas, Bolívar emitió un decreto para que se hiciera un monumento en éste lugar, el cual vino a ser realidad durante el gobierno del general Marcos Pérez Jiménez. Ese monumento fue realizado en Toledo, España, por el escultor Victorio Macho, y representa el alma del Libertador ante sus padres y su esposa. Este artista español, es también el autor de la cabeza de Bolívar, realizada en bronce, que se encuentra en la Plaza Caracas.
Plaza Caracas

    En la capilla de Nuestra Señora del Pilar está la obra inconclusa “La Ultima Cena” del pintor Arturo Michelena. Y tiene al frente una obra, de autor anónimo, que tiene como título “Un descanso en la huida a Egipto”. En este recinto están sepultados casi todos los Arzobispos de Caracas.
    En las otras capillas de la Catedral, también existen retablos, pinturas e imágenes religiosas, de bulto y de vestir, de gran belleza y calidad artística. En la capilla Nuestra Señora del Pópulo, donde reposan los restos de Monseñor Diego y Baños Sotomayor y su famoso sobrino el historiador Oviedo y Baños, hay una obra de Juan Pedro López, el mismo autor de una pintura de las Animas Benditas, que está en la capilla de Santiago Apostol. También es del mismo artista la imagen de La Fe, realizada en bronce, que corona la torre de éste templo Caraqueño.
Óleo de Juan Pedro López

    La capilla de San Pedro tiene dos altares: el de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, y el Altar Mayor de San Pedro. A la derecha de éste altar existe una escalera que da hacia la cripta de la Cofradía de San Pedro, a la cual perteneció la élite de la sociedad caraqueña de entonces, que tenía allí su propio cementerio. Se supone que los restos de Monseñor Mariano Martí, quien confirmó al niño Simón Bolívar, se encuentran en éste lugar, que sólo se puede visitar entrando por el Museo Sacro.
    En la parte superior del Altar Mayor de la Catedral, se puede apreciar algunas obras de Antonio Herrera Toro y Lucio Rivas. De Herrera Toro hay también dos obras más en una de las capillas de la iglesia: “La Caridad” y “Santa Rosa de Lima”. Y en la capilla que está al final de la nave derecha, está sepultado Monseñor Jesús María Pellín, quien fuera Deán de la Catedral y el más famoso director del diario “La Religión”. En la pared de éste lugar se encuentra un boceto al carboncillo de Tito Salas, titulado “La Expoliación de Jesús”, donado por la Señora Carmen Ramírez de Salas, la viuda del pintor.
Interior del Museo Sacro de Caraca
    Ahora nos dirigimos al Museo Sacro, construido en los terrenos donde funcionó el antiguo cementerio de la Catedral de Caracas. En este lugar podemos encontrar un osario donde se colocaban los restos óseos para hacer lugar en el cementerio. Y en el jardín, se pueden ver algunas lápidas, entre ellas las del Obispo Diego y Baños Sotomayor y el Obispo Mariano Martí.
    Este museo se abrió al público en 1993, y en sus espacios existe una importante colección de imágenes religiosas coloniales, de bulto y de vestir. Algunas de estas piezas fueron creadas por Juan Pedro López, abuelo materno de Andrés Bello, y por otros excelentes artistas artesanos del pasado como Antonio Hernández Prieto y Javier Flores.
    Cálices, portaviáticos, candelabros, palmatorias y custodias, son, también, piezas magníficas de orfebrería que enriquecen la colección de éste pequeño, pero excepcional Museo Sacro, ubicado al frente de la Plaza Bolívar.
    La Casa Amarilla, en la que se instala Cipriano Castro luego del triunfo de la Revolución Liberal Restauradora, fue el lugar donde Castro se arrojó del balcón que da hacia la esquina Principal, cuando el terremoto de 1900. Sólo sufrió contusiones en una pierna y en su dignidad.
Iglesia de San Francisco, Caracas
    De otro balcón de ésta casa, que está frente a la plaza, se asomó el Capitán General Vicente Emparan para escuchar el repudio de los caraqueños en abril de 1810. Este edificio, tan repleto de historias, simbolizó en cierto tiempo el poder político del gobierno de Antonio Guzmán Blanco.
    La iglesia de San Francisco, donde en 1813 se le dio el título de Libertador a Simón Bolívar, posee la colección más representativa de los retablos coloniales, así como unas cuantas obras de Juan Pedro López, y otras piezas de carácter litúrgico de la época colonial y republicana. Frente a la iglesia se encuentra la famosa Ceiba de San Francisco, sembrada, según la historia popular, por el Dr. Vicente Manzo.
Panteón de Caracas
    Los mejores testimonios de la vida de la Caracas de Ayer, de Hoy y de Siempre, los encontraremos por todos los lugares donde a diario transitamos. Estos espacios emblemáticos como la Casa Natal del Libertador; el Museo Bolivariano; la Colección Numismática del Banco Central de Venezuela; la Casa de Nuestra América José Martí; la Casa de la Historia de la Fundación Polar; el Museo de la Fundación John Boulton; el Panteón Nacional; el Museo Arturo Michelena; el Cuartel San Carlos; el Salón de la Patria del Palacio Blanco; están todos muy cerca, unos con otros, y muy unidos al caraqueño que estima su ciudad, la ciudad que el personaje que más la amó, como lo fue Enrique Bernardo Nuñez, la bautizó con el nombre de “La Ciudad de los Techos Rojos”.
M. Cabré. "El Ávila desde Blandin"




 Pues así era ésta capital hasta hace pocas décadas, ese color predominante en la cubierta de sus casas, “era como un mar rojo visto desde el Avila, o desde lo más alto del vuelo del avión de juguete de Frank Boland”, como lo dijo en mi presencia un día, aquel extraordinario venezolano que fue Teobaldo Mieres, conocedor de todos los oficios, y con una inmensa e inextinguible vocación de servicio hacia el país.
    Pero más allá del casco central de ésta ciudad, existen muchos otros espacios que son emblemas de la cultura nacional. Todos esos sitios es necesario visitarlos, tanto los más conocidos, como aquellos lugares omitidos por la ceguera oficial, o por la indolencia ciudadana, o porque la sencillez de una apariencia exterior, no motiva al transeúnte desprevenido a detenerse para apreciar y valorar su significado arquitectónico, o artístico, o histórico, o espiritual. Esta Caracas de Ayer, de Hoy y de Siempre, nos invita a recorrer sus espacios, sin excluir lo menos publicitado, y con aquella emoción propia de los poetas como Antonio Pérez Bonalde, Andrés Eloy Blanco, Aquiles Nazoa, y muchos otros más, que la amaron entrañablemente, pues conocieron su historia, su geografía, su música, sus personajes populares, el sabor de la cocina caraqueña, y apreciaron, también, los aromas a jardín que ungían, con gran delicadeza, las apacibles noches de aquella ciudad de los techos rojos.
 La Ciudad de Caracas

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