domingo, 11 de marzo de 2012

Los Viajes de Valentina

Los viajes de Valentina: 
 
Los buzos están fascinados con Cepe

El buceo y la pesca submarina cautivaron a los hermanos Fisher para montar su posada Puerto Escondido. Casi 20 años después su sobrino César Fisher sigue la tradición, los buzos acuden dichosos y la gente del pueblo se entusiasmó con el turismo, así que construyeron "casas productivas", montaron restaurantes y alquilan toldos y sillas
Solitaria playa de Cepa a las 7:00 am de un sábado
Solitaria playa de Cepa a las 7:00 am de un sábado | Arianna Arteaga Quintero
Cómo llegar. Lo primero será tomar la precaria Autopista Regional del Centro, salir hacia Las Delicias, atravesar el fascinante y frondoso Parque Nacional Henry Pittier, llegar a Choroní y tomar un peñero en La Boca ­Puerto Colombia­ para hacer la travesía por mar hasta Cepe. Es corta, pero si el mar está furioso, puede ser complicada, aunque los motoristas son expertos.

Delirio por el mar. Los hermanos Fisher llegaron a Cepe cautivados por los fondos marinos y la riqueza y variedad de peces. Como no se andan con medias tintas cuando se trata de la vida feliz, resolvieron hacer una posada en la playa de Cepe. No les importó que todo tuviera que ser llevado en peñero y tampoco se detuvieron cuando el pueblo se burlaba de ellos y los tildaba de locos. "¿Quién va a venir a esta lejura a hospedarse?", les decían. En 1993 abrieron su posada Puerto Escondido con sólo 4 habitaciones, pero con tremenda casa bien construida. Sólida. Hogar para un par de hermanos casados con dos hermanas, quienes resolvieron turnarse: cada pareja un fin de semana. En 2012 ofrecen 10 habitaciones, todas con aire acondicionado, agua caliente y baño privado, amplias y cómodas, una piscina atómica rodeada de jardines y para comer, sólo los desayunos. Desde la posada se camina hasta la playa y se observa la montaña. "Siempre hemos querido hacer énfasis en el buceo.

Nos gusta ser un centro para la práctica de este deporte.

Un dive center. La piscina tiene una parte bien profunda para hacer las prácticas de los principiantes", explica Freddy Fisher, uno de los dueños.

Su sobrino César Fisher está presente. Es quien opera Puerto Escondido Dive Center, el centro de buceo de la zona.

Cuando fuimos esperaban un grupo grande. Todos fascinados con la experiencia de hacer un Discovery. Así se llama el curso inicial, las instrucciones básicas y la euforia que suele dejar enganchados a casi todos con ese instante apacible de compartir en silencio junto a los peces y los corales.

Hay tres sitios excelentes: El Morro de Manare, El Submarino y Cuyai. Tienen su peñero, todos los equipos y han entrenado a muchachos de Cepe como Dive Masters.

Motivados con el turismo. La visita se emocionó con Cepe.

Cada vez llegan más navegantes en peñeros desde Choroní.

Buscan una playa más tranquila, la emoción de una bahía donde no llegan carros, las matas de coco sanitas y hasta la seguridad para acampar. Los habitantes de Cepe asimilaron que vivían en un lugar privilegiado, que podían compartirlo, pero que debían prestar servicios. Entendieron a los hermanos Fisher, aprendieron en su posada y siguieron el ejemplo. Con el apoyo del Gobierno central ­específicamente de Elías Jaua­ abrieron "casas productivas", que así le dicen a las posadas. Cada una ofrece 2 habitaciones con su baño y aire acondicionado, muy sencillas, limpias, cerca del mar y atendidas por sus dueñas. Aura Rojas tiene 4 habitaciones y un restaurante en la playa, Yarisol ofrece 2 habitaciones, en la posada Valentina hay 4. La tarifa es de 200 bolívares por habitación. Régulo Blanco es un fajado de la zona. Empezó con su bodega Cepecurimare, luego el restaurante Tiburcia frente al mar y ahora trata de terminar su posada Cepecurimare.

Ojalá hubiera pedido asesoría.

Hizo las habitaciones muy pequeñas, encerradas, con ventanas hacia adentro y corredores estrechos. Lo insólito es que ofrece hasta Wi Fi, porque es un fascinado de la tecnología. La semana pasada estaba construyendo una cocina para uso de los huéspedes. Cobra 250 por habitación.

En la playa. Quienes llegan a Cepe cuentan con todas las facilidades. Alquilan toldos y sillas, abundan los restaurantes con brisa de mar y la sombra para instalar las carpas. Yo sugiero visitar el cocal de Hilda. Ella ha estado muy enferma en los últimos tiempos y su marido murió, pero cuando se reponga seguro regresa a hacer su aceite de coco natural. La playa es de oleaje fuerte. Profunda. Pero tiene épocas de calma. Hay una tiendita donde venden trajes de baño, protectores y lo que se les pueda haber olvidado, así como una que otra medicina vital. A mí me gusta mucho esta playa y su gente. Siempre pendientes de que la visita sea feliz.
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