lunes, 15 de junio de 2015

Llano adentro, emociones afuera

Escribo esto desde el llano. En los últimos dos meses he recorrido más de ocho mil kms de país, que en mi caso particular significan una mezcla de carretera, sabores y nuevos afectos. Como no he escrito de cada destino trataré de recordar algunas paradas que se grabaron en mi vida por el significado que cada hacer, a mi parecer, tiene en la vida de otros.
Fui a La Guardia, en Margarita, como jurado de un concurso de mejillones que organiza anualmente Margarita Gastronómica y quedé conmovida y admirada por el trabajo de Pilar Cabrera y Niels Petersen de  Casa Mejillón. Se nota a leguas que hay una relación profunda con su comunidad, que hay un empeño diario por generar y compartir bienestar.  


Hubo propuestas repetidas, algunas divertidas como la de la señora que hizo un chantilly de mejillón blanco y rojo… estoy segura que c ada año las recetas serán mejores , que el evento se seguirá repitiendo y que con el curso natural del tiempo y acompañamiento en la formación,  la gente explorará cada vez más  su maravilloso producto para hacer de él un legado de familia, una posibilidad de ingresos para la economía local y un  punto de atracción para los visitantes. De Margarita Gastronómica no sé ni qué decir… tengo la más sana de las envidias por los resultados de un hacer tesonero que está marcando un hito al mostrar el patrimonio gastronómico del destino turístico más visitado por los venezolanos. El bonus track de este viaje fue el chutney que me preparó mi amigo Terry Bannon con  unas frutas de nuez moscada cultivadas en Paria que yo llevé y el consentimiento de Linda, su esposa y amiguísima querida con la que siempre me divierto.  



Luego fui a Valencia invitada por Luis Brunicardi, del grupo de amigos del Hospital de Niños y junto a Armando  Canelón  y María Fernanda Di Giaccobe gozamos un puyero cocinando con cacao y chocolate para una cena que estuvo llena de gente que disfrutó la comida y contribuyó con el proyecto. La organización fue impecable y un botón mas de la generosidad de la gente y la calidad de su compromiso con proyectos que ayudan a mejorar la calidad de vida de otras personas.
Antes y después del viaje a Valencia fui jurado de la semifinal y final del concurso de la empresa Kakao Real que todos los años celebra su aniversario con este evento y charlas y catas alrededor del tema del chocolate.   Cada octubre de los últimos cuatro años he recibido esta invitación de Marlene Berrios con una inmensa curiosidad por lo que veré y probaré y con las ganas de que el año siguiente incorporen al concurso platos salados hechos con cacao o sus productos. Tanto buen cacao aún en el país y tan poco que lo hemos explorado.


Debo confesar que pese a mi entusiasmo, si probar 14 platos de mejillón diferentes me pareció una barbaridad en Margarita, no se pueden imaginar lo que fue degustar 23 postres de chocolate en un solo jalón. De un día así uno sale entre indigesto e intoxicado de felicidad. Solo pude hacerlo porque mis compañeros de jurado fueron todos muy divertidos, atinados en sus observaciones hacia estudiantes y oficiantes que concursaron y al igual que yo están todos enamoradísimos del chocolate, como Brian, de La Praline, y Sammi, de Pastelería Mozart, dos personas que no conocía y a las que me gustaría seguir viendo en mi vida.  A veces me parece increíble que en un país lleno de desatinos, inequidades, inseguridad,  profundas diferencias políticas, rabia, corrupción e intolerancia entre las partes,  yo pase semanas siendo parte solamente de cosas positivas, gente que trabaja con entusiasmo, que promueve proyectos maravillosos y que al igual que yo se puede quejar amargamente de esto o de aquello pero prefiere batallar y generar espacios de crecimiento ciudadano y posibilidades de bienestar para otros.
Con la boca aún empegostada de chocolate y Juan Sará de compañero comenzamos los preparativos para unos días de cocina pariana en Café Casa Veroes. Este restaurante queda en la Casa de Estudios de la Historia de la Fundación Polar en el centro de Caracas. Su chef, Edgardo Morales, es un cocinero joven al que admiro por su rica sazón, su capacidad de trabajo  y por su curiosidad, porque es de los pocos que conozco que hace de verdad verdad cocina de mercado y se patea Quinta Crespo semanalmente. Quinta Crespo es parte de mi historia porque cuando era pequeña y preguntaba cómo nacían los niños mi papá siempre me respondía que los compraban en el mercado y que a mí me habían conseguido con la cara toda arañada de un guacal en el mercado de Quinta Crespo.  Ese cuento lejos de crisparme me mataba de la risa y me imaginaba de lo más feliz asomada en uno de esos sacos de yute que usaban en mi casa para ir al mercado de Guaicaipuro, que nos quedaba mas cerca y al que íbamos semanalmente.
Me gusta mucho Casa Veroes. La comida es rica, la casa hermosa con su verde jardín que hace que uno se sienta comiendo al aire libre, me gusta entrar en la librería… esta vez compré cuentitos preciosos y a buen precio para los nietos y un libro de química de los alimentos que me tiene encantada y es un reto a mi memoria universitaria, pero lo que más me gusta, definitivamente,  es regresar al centro. Trabajé aaaaños de Marrón a Pelota como corresponsal de  la Agencia France Presse y más jovencita aún en el Banco Hipotecario de Crédito Urbano que quedaba en la esquina de El Chorro dando clases de inglés y aprendiendo a defenderme de los piropos de los obreros que trabajaban por ahí. Me siento cómoda en el centro. Pese al exceso de propaganda  gubernamental, lo encuentro  renovado y precioso y lamento que haya personas que no se atrevan a visitarlo y se priven así de un espacio urbano que nos pertenece a todos.
Los días de Casa Veroes fueron un trabajón y una gozadera. De Oriente nos trajimos el chutney de fruta de nuez moscada, chorizos riocariberos, morcillas carupaneras, los chocolates de los Franceschi, los rones de Destilería Carúpano, la pimienta de guinea, la sarrapia, el picante y el ají dulce y el papelón. Carlos Rodríguez nos trajo sus patos reales de Apure para cocinarlos con chocolate y kumachi de Canaima, y jau jau, un casabe relleno de queso llanero y azúcar que hace la señora Georgina en La Negra, un pueblito de carretera en Guárico donde también venden casabe, pan de horno y babo salado.

Casi sin tregua nos enrumbamos para el sur, compramos mereyes pasados y cristal de guayaba donde las Wulff,  las tías de Karla Herrera,  en Ciudad Bolívar, y volamos de Puerto Ordaz a Canaima para cocinar en un evento privado en Waku, una posaba preciosa frente a la laguna de Canaima. Dormimos tres noches en el hotel de Venetur y nos dio mucha pena a Juan y a mí saber que todo el mundo, incluida la población pemón,  se está yendo a trabajar a las minas que hay dentro del Parque Nacional Canaima. El tema minas es una roncha de largo aliento que ha sembrado uno de los espacios más bellos del planeta de cráteres, miseria humana y contaminación con mercurio. Coincidimos con el final del rodaje de una  película protagonizada por Edgar Ramírez, un remake de un film cuyo nombre no recuerdo. Contradicciones me sobran, quedé aterrada por la cantidad de helicópteros que me enteré estuvieron aterrizando en el tepuy donde grabaron. No abundo en detalles porque no los conozco pero entiendo que nos pasamos las leyes por la naríz cada vez que nos place y que la protección del ambiente no es tema de prioridad nacional. Tampoco la protección de la fauna silvestre, cosa que veo con furia cada vez que voy de Caracas a mi casa y, llegando a Piritu, prolifera la venta de pajaritos  y araguatos bebé a metros de la policía, que al uno reclamar responde que eso es competencia de la Guardia Nacional.
En fin, trabajamos, amanecimos y nos acostamos frente a los cuatro saltos que tiene la Laguna de Canaima, fuimos felices hasta el agotamiento en la cocina y  regresamos cuatro días después para pasar de refilón por Río Caribe y  cocinarle a los chocolateros invitados por María Fernanda a conocer el país, con ese enorme entusiasmo que le ha puesto a su empresa Cacao de Origen. Con una dormidita en Caracas nos enfilamos a La Puerta para una velada de música y sabores compartidos con nuestros queridos  Xinia y Peter, de Mérida, en casa de nuestros anfitriones del Hotel La Cordillera. Laura y Ricardo son un encanto, me siento en casa en ese lugar. Cocinamos rico y relajados, compartimos cuentos y vinos.
La cantante que nos acompañó en la cena se llama Anny Cauz y tiene una voz preciosa. Y otro bonus track, nos regaló un hermoso disco y al día siguiente cerramos comprando unas ollitas primorosas cerca del hotel.
De La Puerta  fuimos a encontrarnos con Valentina Quintero y @arianuchis en Calabozo. No pudimos hacer el viaje en una sola jornada. Viajamos vía Boconó por una carretera hermosísima que no conocíamos, así que cuando nos agarró lluvia sin sol decidimos dormir en Campo Elías. Portuguesa me pareció tan bonito y prolijo como Yaracuy. Todo arregladito y limpio, al menos a la vera del camino. Las carreteras decentes hasta tomar la vía Tinaquillo a Dos Caminos que fue el propio huecocross.
Por fin llegamos a Calabozo como a las dos de la tarde, bastante derrengados y las chicas, junto a nuestra anfitriona Sorelia Franco  nos recogieron en El Rastro para llevarnos a La Casona en la Hacienda Campo Claro cerquita de Guardatinajas. Cuando digo cerca, es cerca, porque cuando un llanero dice cerca para mi es lejíiiiiiisimo.
Pasamos cinco días entre Guárico y Apure y quedé enamorada de llano para siempre. Hacía siglos que no iba y de no vivir cerca del mar creo que es el lugar donde me gustaría estar. 360 grados de plenitud y horizonte abierto. No soy fanática de la carne de res pero en el llano todo me supo diferente, empezando por ese olor a mastranto que lo recibe y lo despide a uno cada día. Me atapusé de quesadillas en Corozopando, de pan de horno de El Guayabal, conocí a la Georgina del jaujau de mis amores, comí catalinas negrísimas rellenas de dulce de lechoza y piña, probé los mejores dulces de cabello de angel, brandy y piña y cascos de guayaba de Guardatinajas, le compré una piñata de tapara a mi nieto Bruno que cumplía su primer año, me enamoré, igual que Valentina, de Iván, el cocinero italiano del Best Western en Calabozo y quedé seducida por Cándida y sobre todo por esa doña Bárbara llena de amor y humor que es Sorelia. Ahora solo quiero regresar.
Valentina inventó que Juan y yo nos fueramos ahí mismito, rapidito a  El Cedral y fue un viaje interminable por la distancia pero que yo hubiera querido prolongar para seguir viendo esteros, garzas, gabanes y palmas llaneras. Fuimos dos veces a San Fernando, una para ver el Palacio de los Barbarito y otra porque nos equivocamos de entrada.

El Cedral me pareció un paraíso de pajaritos desde mínimos hasta el enorme garzón soldado que vimos cuidando el nido sin dejar de cortejar a su dama.
Nunca vi tantos chiguiritos sueltos ni entendí con tanta nitidez lo que significa decir que algo huele a chiguire, foooooo. Extrañé cada segundo a mi hijo Rodrigo, que fue guía en ese lugar hace más de ocho años, justito antes de irse a Australiade  lleno de ganas de aventura y de amor. Hubiera sido una maravilla de viaje tenerlos con nosotros a él y a Gusa. Tienen muchos conocimientos y saben explicar.
Tito, el chofer del camión, fue nuestro guía. Gentil y ojos de gato todo lo supo contestar.  A Juan le fascinaron los chiriguare y caricaris copete anaranjado. Comprendimos perfectamente el dicho como caimán en boca e caño, vimos zorritos, venados carameros y todas las aves posibles. Yo compré un onotero de tapara tallada precioso.


Del llano regresamos a Caracas para compartir con los hijos  y celebrar el primer precumpleaños del nietito Bruno, el post cumpleaños de su papá, Andrés, y a la única cumpleañera en fecha, @arianuchis, a quien le cocinamos con tanto cariño y vino que no se ni como llegué a la cama. La vida, o las emociones, a veces se nos cruzan.
Al día siguiente, vuelta a nuestro Aveo rumbo a Barquisimeto donde cocinamos para un evento con los chicos de la escuela Adelis Sisirucá. Cada vez que voy a Lara me gusta más. Soy una fan desbordada de sus quesos y de la crema Don Manuel, del lomo prensado caroreño,  de los vicuyes y de sus músicos y artesanías, del color de su tierra y de sus verdes. Fue una paliza de trabajo de la que salimos felices e inspirados para continuar hasta Barinas y hablar del amor por el patrimonio gastronómico pariano y del país. Hace tiempo me juré que nunca regresaría a ninguna feria pero cuando supe del empeño de Jaime Llanos por montar el pabellón gastronómico de Fitven no tuve dudas y quise ir. Los cocineros de los hoteles de Venetur mostraron que con entrenamiento e inspiración pueden hacer un gran trabajo. El señor Agustín Hernández, cocinero barinés, nos enseñó en veinte minutos lo que no aprendí en años. Rafael Cartay me hizo descubrir la hallaca angostureña. Del resto del evento no puedo opinar porque poco ví pero de este pabellón solo puedo decir que estuvo muy bien montado y  fue un viento fresco de cocina de las regiones y un ejemplo de cómo sector privado y Estado pueden encontrar puntos comunes de trabajo. No se habló de política ni de gobierno sino de productos, tradiciones, técnicas y sabores que nos pertenecen a todos.
Barinas me gustó mucho. Quiero regresar. No sé si me atreveré a comer las ubres de vaca que venden en el mercado Las Carolinas  ni las gordas chinchurrias que asan en La Redoma. Solo sé que el llano se me instaló dentro y lo quiero explorar, conocer a qué sabe, compartir el camino que voy haciendo, que vamos haciendo tantos. Quiero, quiero.
Cosas que me encantaron de todos estos viajes
Los bocaditos de plátano y queso con melado de papelón y sarrapia que me regaló Adriana García, ganadora del concurso Estampas de este año con unas tartaletas de casabe muy bien hechas y mejor rellenas con una crema de guayanés y ají dulce. Me encanta su blog Cilantro pero no tanto.
Colearme en la final de ese concurso en Hajillo´s y compartir con Felicia Santana.
Hacer por primera vez la torta bejarana. Me encantó.
El crumble tibio de fruta de nuez  moscada y piña con helado que servimos de postre en Café Casa Veroes, los patos con chocolate y kumachi, el risotto de mejillones y chorizo que preparó Edgardo Morales.
Que la gente goce la diferencia de sabores de los chocolatitos Franceschi según el tipo de cacao.
Que nos pidan un refill de ron Carúpano.
El pan de horno de El Guayabal.
Las taparas talladas de Falito en Guardatinajas. Gracias Sorelia.
Las quesadillas de Esperanza en Corozal…menos mal que no vivo cerca.
Los esteros de Camaguán.
El Cedral.
La humildad de Agustín Hernández y conocer su restaurante en Barinas.
Que Juan me acompañe ytrabajemos juntos.
Saber que mi hijo Andrés y Cosmelina vendrán a cocinar con os en Canaima.

jueves, 11 de junio de 2015

Citas de El sádico ilustrado

Hoy conseguí dos tesoros: los ejemplares 8 y 11 originales de la revista humorística El sádico ilustrado. Dirigida por Pedro León Zapata, conformado su Consejo de Redacción en parte por nadie menos que José Ignacio Cabrujas y por quien hoy es miembro del Consejo de Estado, Luis Britto-García (dos ejemplos de coherencia e incoherencia discursiva, respectivamente).

Entre los colaboradores, que yo conocía hasta hoy, se encuentran: Manuel Caballero, Graterolacho, Francisco Herrera Luque, Aníbal Nazoa, Simón Díaz, Otrova Gomas y Salvador Garmendia. Aquí publicaré algunas frases ingeniosísimas de la revista, que 34 años después de su publicación, en 1978, me han hecho reír a carcajadas:


El sádico ilustrado remata un lote de pobres en perfecto estado, para cuñas de TV o de prensa. 
¡Vaya apartando los suyos para el 83! 
¡No acepte imitaciones! ¡No acepte modelos profesionales ni extras de películas! Nuestros lameplatos son de verdad verdad y no esas burdas falsificaciones que presentan candidatos sin escrúpulos. 
¡Precios regulados! No especulamos con la miseria humana. 
Para garantizar mejor su peladera no le daremos ni una locha del dinero recaudado por nuestras tarifas reguladas. 
Nuestros pobres son más fotogénicos, dan más lástima. 
Satisfacción garantizada o le devolvemos su dinero. También ofrecemos pelagatos salidos de abajo para las series de «hoy vivo mejor». 
Digan lo que digan, el sadismo en este país no es una aberración sino un servicio público. 
Para evitar rollos nuestros miserables son garantizados sin antecedentes penales. 
¡No se apelotonen que hay de sobra!

La firma de este artículo titulado “¡Gran liquidación de fin de campaña!” es de Roberto Hernández Montoya, otro (junto a Britto-García) que criticaba a los gobiernos puntofijistas por la pobreza popular, pero que hoy adora al gobierno chavista, porque al parecer los pobres de hoy sí «viven mejor».

Otras frases:

Venezuela limita al sur con Brasil y por el norte con los cruceros turísticos.

Mientras más respetable es una persona, más capaz es de cometer un crimen para salvar su reputación.


¿Por qué prohíben la caña en el día de las elecciones? En las cuatro últimas, en perfecta sobriedad, elegimos otros tantos gobiernos, lo cual demuestra que la falta de alcohol no aclara el entendimiento.

Estos aparecen como tuits donde haya espacios vacíos. El siguiente es buenísimo. No está suscrito el nombre de su autor, copio los que más me gustan:

Tal día como hoy

Hoy es 15 de noviembre de 1978. Faltan 4 días para que digamos que hace 4 días era 15 de noviembre de 1978

Un día como hoy:

20.000.000 a.c.: Al tercer día Dios hizo las aguas.
20.000.000 a.c.: Al día siguiente el INOS las quita.
15.000 a.c.: Se inicia la Edad de Piedra, cuando un grupo de damnificados le caen a pedradas a la Guardia Nacional que trata de desalojarlos de unas cuevas en Altamira.
1888: Edison inventa el apagón al fallarle un experimento con el bombillo.
1887: Se organiza la primera huelga (huelga decir que fracasó).
1973: Un policía secreto se disfraza de fiscal de tránsito para descubrir a los que traten de sobornarlo. A los dos días renuncia a la policía y se mete a fiscal.

Las siguientes frases son de Salvador Garmendia:

El único consuelo de vivir en Caracas, es pensar que uno tiene que morirse algún día y si se le presenta la ocasión de apurar el asunto, ni pendejo que sea la deja pasar. ¿No te parece?

El siguiente artículo de Luis, hace humor sobre las mujeres de la época del «nuevorriquismo» de la «Venezuela saudita»:

Reglamentos de la sifrina

Capítulo III:
De la clasificación de las sifrinas

Artículo 5: —Las sifrinas son: de pensamientos, de palabras y de obras.

Capítulo IV:
De las sifrinas de pensamiento

Artículo 6: —Son sifrinas de pensamiento las que se la pasan pensando:

1) En operarse los tabiques para quedar con la nariz de cochinito.
3) En estar al día.
4) En llamar la atención.
5) En Baby Blue.
5) En cómo hacer para que no se note que están pensando en llamar la atención.

Capítulo V:
De las sifrinas de palabra

Artículo 7: —Son sifrinas de palabra:

1) Las que se la pasan diciéndole a todo el mundo Mi amOr, con O mayúscula.
2) Las que dicen groserías, pero con cuidadito y dividiéndolas en sílabas, por el estilo de cá-ga-te.
3) Las que se ríen sin sonidito.
4) Las que emplean más de tres veces por minuto las palabras IncreíbleMuéreteNo puede serNo Te CreoQué Tierno y No te lo Pierdas.
5) Las que dicen qué nota sin haber nunca sentido una.

Capítulo VI: 
De las sifrinas de obras

Artículo 8: —No hay sifrinas de obras, porque las sifrinas se quedan en puros pensamientos y palabras.
Artículo 9: —Toda sifrina finge que ha hecho lo que no ha hecho hasta que lo hace, en cuyo caso se dedica a fingir que no ha hecho lo que ha hecho.

Capítulo VIII:
Del terror de las sifrinas

Artículo 11: —El terror de la sifrina es ser considerada como objeto sexual.
Artículo 12: —Para evitar ser considerada objeto sexual, la sifrina se defiende con:1)   El maquillaje. 2) El perfume. 3)  El sostén. 4)   La falta de sostén. 5)   La base. 6)   La sombra de ojos. 7)   La máscara. 8)   Los ganchos de pelo. 9)   El rinse. 10)  La pintura de uñas. 11)   La pintura de labios. 12)  El delineador. 13)  La permanente. 14)  La dieta. 15) El sauna. 16)   El escote. 17)   Las blusas transparentes pero no mucho. 18) Las faldas. 19)  Las minifaldas. 20) Las maxifaldas. 21) Los pantalones. 22) Las faldas pantalones. 23) Los depiladores. 24) Los sprays. 25) Los tintes. 26) El peeling. 27) Los zarcillos. 28) Las pulseras. 29) Los prendedores. 30) Los dijes. 31) Los anillos. 32) Los alfileres. 33) Los pañuelos. 34) Las cadenitas. 35)  Las botas. 36)  Las sandalias. 37)  Las hormonas. 38)  Etcétera.
Artículo 13: — Las cuentas de todos los artefactos que la sifrina emplea para evitar ser considerada como objeto sexual, las paga el Príncipe Azul.

Capítulo IX:
Del Príncipe Azul

Artículo 14: —El Príncipe Azul es el que resuelve la vida de la sifrina casándose con ella.
Artículo 15: En cuanto el Príncipe Azul se casa, pasa a ser El Bolsa de mi Marido.

Capítulo X:
De las cosas sifrinas

Son cosas sifrinas todas aquellas que coadyuvan a la Cacería del Príncipe Azul, y entre ellas: 1) Los colegios de monjas. 2) La Católica. 3) Los Centros Comerciales. 4) Los cursillos de cristiandad, y en general. 5) Las playas cercadas. 6) Las terapias de grupo. 7) Los Tropi-burger. 8) Miami. 9) Las tiendas de regalos de boda. 10) Las bodas. 11) Las discotecas. 12) Las exhibiciones de moda. 13) Los bowlings. 14) Los restoranes con candelabros. 15) Las academias de decoración. 16) Las canchas de tenis. 17) Los automóviles de faena usados para paseo. 18) Las despedidas de soltera. 19) Las páginas sociales. 20) Los piano-bares. 21) Baby Blue. 22) La ropa con las etiquetas afuera. 23) Erich Fromm. 24) Yo Estoy Bien Tú Estás Bien. 27) Los Ángeles de Charlie. 28) Los Clubs de Llave. 29) El Poema «Sonatina». 30) Todo lo que parece caro sin serlo. 31) Todo lo que es caro sin parecerlo. 32) Ponerse a tocar a todo el mundo para demostrar que es abierta y después calentarse cuando la tocan. 33) AD, que es un bachinche sifrino. 34) Hacer Mohines. 35) Copei, que es un AD sifrino.

Hay mucho material más, pero ya me da ladilla copiarlo.
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sábado, 6 de junio de 2015

¿La Ciudad de la eterna Primavera?

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La Ceiba de San Francisco
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El Samán de la Trinidad. Bajo su sombra el Libertador recibió clases de Andrés Bello
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La Ceiba de San José, antigua parada obligatoria para quienes venían de Galipán.
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Las plazas y espacios abiertos deben ser lugares ganados para las áreas verdes.
Perviamente
Proxima
AL RITMO DE AQUEL PAVOSO CORO QUE REZA “AL ÁRBOL DEBEMOS SOLÍCITO AMOR, JAMÁS OLVIDEMOS QUE ES OBRA DE DIOS”, DESDE CARAJITOS “APRENDIMOS” QUE EL ARAGUANEY ES NUESTRO ÁRBOL NACIONAL Y UN DÍA DE MAYO ALGÚN FAJADO PROFESOR, QUIZÁS, NOS LLEVARÍA A PLANTARLO. PERO, ¿REALMENTE CONOCEMOS LA IMPORTANCIA DE ESTOS SÍMBOLOS QUE PRESERVAN NUESTRA HISTORIA?
La Caracas Vegetal
“La primavera de oro de los araguaneyes”. Así identificaba el escritor Rómulo Gallegos la llegada de la primavera a los llanos y sabanas del país. Pero también en Caracas basta con alzar la mirada (toda una proeza para algunos de sus acelerados habitantes) para dejarnos sorprender por la más colorida variedad de arbustos, en especial durante el llamado “verano tropical”, que comienza en el mes de enero y se extiende hasta finales de mayo, época en la que llueve esporádicamente y la mayoría de las plantas florecen en todo su esplendor.
Nada más en la ciudad coexisten 400 especies de árboles; algunos poseen más de 300 años de vida, otros han sido decretados patrimonio cultural. De hecho, los árboles caracterizan tanto a Caracas que le dan identidad a varias avenidas y calles de la ciudad: Los Samanes, Los Jabillos, Los Mangos, Los Chaguaramos, Las Acacias.
Sin duda, el árbol más emblemático de Caracas es la conocida ceiba que se encuentra frente a la iglesia de San Francisco, entre la Asamblea Nacional y el Palacio de las Academias, a solo 100 metros de la Plaza Bolívar.
La ceiba de San Francisco
Este árbol fue sembrado en el año 1866 por la hija del prefecto Vicente Manzo en lo que para aquel entonces era uno de los patios del antiguo Convento de las Hermanas de la Concepción. Tan solo cuatro años después, los registros fotográficos demuestran que el lugar se había transformado pero el árbol había crecido tres metros de altura.
En 1874 cerró el convento y erigieron, justo al lado del árbol, una escultura del entonces presidente Antonio Guzmán Blanco, que fue bautizada por el argot popular como la estatua de El Saludante.
Fue precisamente durante el gobierno de Guzmán Blanco que se rodeó el tronco del árbol con una defensa de cal y fragmentos de roca pulida, que luego se usó como una especie de escritorio por parte de los comerciantes y corredores que trabajaban en la esquina La Bolsa y se refugiaban allí del inclemente sol capitalino.
Este emblemático árbol fue el que inspiró poemas como “A la sombra de la Ceiba”, donde el escritor larense Julio Garmendia expresaba: “La vida apenas es un breve momento, / y yo, con ser Ceiba, soy perecedera. / Hago testamento: / el día que muera / le dejo a la tierra toda mi madera / y todas mis flores”; o textos como los “Versos tremendistas”, a través de los cuales el periodista Miguel Otero Silva expresa su preocupación ante el posible fallecimiento del árbol, pero sin dejar de señalar los errores políticos de aquellos años: “Reposo en la Ceiba de San Francisco. / Bien sé que todavía no te has muerto, / pero ya la agonía de tus ramas / la anuncia un arbolista tan experto / como el doctor Oramas, / él opina que tus bases de cemento / la causa son de tu fallecimiento. / Mas yo impugno el botánico argumento / que dan esos fonólogos ladinos: / lo que te mata a ti no es cemento, / lo que te mata a ti son los vecinos. / Casi un siglo de vivir junto al Congreso / oyendo tantas vainas sin moverte, / no hay piedra ni árbol que resista eso: / más noble es el regazo de la muerte”.
Sin embargo, la Ceiba de San Francisco sobrevivió a todas las inclemencias de la ciudad y en el año 2001 fue declarada Patrimonio Nacional. Actualmente mide 36 metros de altura y permanece dentro de un separador vial que se le construyó en la avenida Universidad.
Otros abuelos
Entre los árboles más longevos que existen en Caracas se encuentra otra ceiba: la de San José, aledaña al Mercado de las Flores. Este árbol de 250 años fue, a mediados del siglo XIX, una parada obligada para el reposo de quienes bajaban en burro desde el pueblo de Galipán a vender sus flores y legumbres en la ciudad.
Tampoco podemos olvidar al Samán de la Trinidad, situado a un costado del bulevar Panteón. Según el naturalista alemán Alejandro de Humboldt, este samán desciende del famoso Samán de Güere del estado Aragua y fue sembrado en Caracas en 1753, por lo que tiene 262 años en nuestra ciudad. De hecho, fue bajo la sombra de este árbol que el Libertador Simón Bolívar recibió clases del maestro Andrés Bello. Casi la misma cantidad de años tiene el bucare que está detrás del Mausoleo de Bolívar. Y los mijaos que se observan dentro de los campos de golf del Country Club también cumplieron 300 años de edad.
Sin embargo, actualmente la gran mayoría de estos y otros árboles son ignorados por los seres humanos, quienes parecen desconocer que cada uno de nosotros requiere tres árboles para obtener el oxígeno que necesitamos durante una vida promedio.
No basta
En Caracas hay solo 1,2 metros cuadrados de áreas verdes por persona, cuando los estándares internacionales, incluyendo los de la Organización
Mundial de la Salud (OMS), hablan de la necesidad de poseer de 12 a 15 metros cuadrados de áreas verdes por habitante. Es decir, en Caracas requerimos al menos el doble de los árboles existentes, en especial en el centro y el oeste de la ciudad.
No obstante, durante las jornadas de reforestación se pueden cometer graves errores. Por ejemplo: los jabillos son árboles exclusivos para los parques porque, si se siembran en las avenidas, levantan el pavimento y sus raíces perforan las tuberías. Por esto, para las calles de Caracas, Jesús Hoyos, biólogo y autor del libro Los árboles en Caracas, del año 1990, recomienda plantar árboles como el roble, el pardillo y el caobo de las Antillas; mientras que para las avenidas sugiere el pilón, el granadillo y el castaño.
Además, Hoyos agrega que “alrededor de 60% de la zona arbórea de la capital requiere de atención y mantenimiento para conservar su salud. Las labores de cuidado están a cargo de los municipios y deberían hacerse, por lo menos, dos veces al año. Para esto se necesita planificación y un buen cuerpo de jardineros, incluyendo gente capacitada que trabaje en el área fitosanitaria y que sepa cómo tratar un árbol enfermo”.
Vale mencionar los estragos que plantas parasitarias —como la tiña o el guatepajarito— han causado en varios árboles de la ciudad, al punto de lograr secarlos. Ni hablar del gusano de palma, que ataca a todos los chaguaramos (solo en el parque Generalísimo Francisco de Miranda hay alrededor de 1.000 chaguaramos) durante los meses de marzo y octubre. Este gusano se ha multiplicado sin ningún tipo de control desde el año 1993, pues sus depredadores naturales (la avispa amarilla y el tordo) han desaparecido a causa de los operativos de fumigación para controlar al mosquito patas blancas, transmisor del dengue.
La tala
Durante años muchos árboles han sido podados en forma severa, pintados para “adornar” el paisaje y hasta cortados impunemente porque impiden el desarrollo de tal obra o infraestructura.
Enrique Bernardo Núñez, cronista oficial de la ciudad de Caracas en dos ocasiones, escribía el 30 de julio del 1954: “¿Cuántas veces se ha escrito en los diarios de Caracas y de toda Venezuela acerca de la ruin costumbre de talar árboles? Yo mismo escribí muchas veces, sin otro resultado que el de ver el derribo de otros árboles (…) No se guarda ningún miramiento a lo que ellos representaban. Los árboles son testimonio de amor a la naturaleza y a la ciudad, de fe y esperanza en el porvenir”.
En la actualidad las comunidades pueden solicitar la tala justificada, poda y mantenimiento de árboles a la Corporación de Servicios del Municipio Libertador (CSML), ente adscrito a la Alcaldía de Caracas.
Para ello se debe llevar una carta a la Dirección de Control Urbano, ubicada en el piso 2 del edificio Banvenez, esquina de Glorieta, con el nombre, apellido, cédula de identidad del o los solicitantes, ubicación exacta del lugar donde se encuentra el árbol y una breve y concisa explicación, que será evaluada por un equipo de expertos.
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CADA ESTADO TIENE SU ÁRBOL
Cereipo, Anzoátegui
Samán, Aragua
Merecure, Apure
Cedro, Barinas
Sarrapia, Bolívar
Camoruco, Carabobo
Apamate, Cojedes
Cují yaque, Falcón
Palma llanera, Guárico
Semeruco, Lara
Bucare ceibo, Mérida
Roso blanco, Miranda
Palma de Moriche, Monagas
Guayacán, Nueva Esparta
Caoba, Portuguesa
Roble, Sucre
Pino criollo, Táchira
Bucare Anauco, Trujillo
Chaguaramo, Yaracuy
Cocotero, Zulia
Caucho hevea , Amazonas
Mangle rojo, Delta Amacuro
Sin-título-1
POR JESSICA DOS SANTOS JARDIM 
@EPALECCS
FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA