martes, 8 de marzo de 2016

Día Internacional de la Mujer: por qué se celebra el 8 de marzo



La efeméride, que reivindica la igualdad de derechos, se conmemora en muchos países y ha variado su momento en el calendario

La tradición de conmemorar un día para reivindicar la igualdad de derechos de la mujer es centenaria. Hoy, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer en la mayoría de los países. Sin embargo, hasta llegar a esta fecha se ha transitado mucho. Por el camino, la efeméride ha evolucionado, ha cambiado de fecha y ha perdido la palabra ‘trabajadora’ de su cabecera, que surgió con su espíritu y concepción sindicalista. El 8 de marzo -declarado oficialmente por la ONU en 1975- se reivindica a todas las mujeres y la igualdad completa de derechos. Y este 2016 todavía hay poco que celebrar, pero mucho que reclamar: el fin de la discriminacion, que se erradiquen las violencias machistas, que se alcance la igualdad salarial, la universalización de los cuidados, la libre elección...


La idea de un día internacional de la mujer surgió a finales del siglo XIX, pero fueron distintos sucesos en el siglo XX los que han derivado en la conmemoración que conocemos hoy. Uno de ellos, quizá el más simbólico pero no el único, se produjo el 25 de marzo de 1911, cuando unas 149 personas, la mayoría mujeres murieron en el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York. El suceso reveló las penosas condiciones en las que trabajaban las mujeres, muchas de ellas inmigrantes y muy pobres. El suceso no fue único –hubo otro incendio en circunstancias similares tres años antes—pero suscitó grandes movilizaciones y marcó en el calendario un día que ya se había empezado a conmemorar dos años antes también en la ciudad de Nueva York, donde las Mujeres Socialistas –tras una declaración del partido en Estados Unidos-- conmemoraron por primera vez el Día Nacional de la Mujer. Era el 28 de febrero de 1909 y más de 15.000 mujeres salieron a la calle para reivindicar mejores salarios, reducción de la jornada laboral y el derecho al voto.
En 1910, la Internacional Socialista proclamó el Día Internacional de la Mujerpara reivindicar el sufragio femenino, la no discriminación laboral, el acceso a la educación, y otros derechos fundamentales. La conferencia no decidió un día concreto pero fue decisiva: el día empezó a conmemorarse al año siguiente. Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza lo celebraron el 19 de marzo con mítines a los que asistieron más de un millón de personas, la inmensa mayoría, mujeres.
De Estados Unidos y Centroeuropa, la conmemoración reivindicativa empezó a extenderse a otras zonas. El último febrero de 1913, las mujeres rusas celebraron el Día Internacional de la Mujer que en otros países comenzaba a señalarse el 8 de marzo. Cuatro años después, en 1917, como reacción a la muerte de más de dos millones de soldados en la guerra, las rusas convocaron una huelga para ese último domingo de febrero. Las protestas y manifestaciones que iniciaron ese 23 de febrero –8 de marzo en el calendario gregoriano usado en otros países-- condujeron a una movilización general que provocó la abdicación del Zar y condujeron a un Gobierno provisional que les concedió el derecho al voto.
Con el paso de los años, se fueron incorporando otros países -China, en 1922, por ejemplo- y mujeres de todo tipo de realidades hasta que el 8 de marzo se ha convertido en un momento de confluencia para reivindicar la igualdad de derechos para todas y recordar que aún no se han alcanzado.




MÁS INFORMACIÓN

Cancion Oficial Dia internacional de la Mujer - BRILLO DE MUJER - Ivan Ricardi



Historia del Día de la mujer
Introducción
El Día Internacional de la Mujer es una fecha que se celebra en muchos países del mundo. Cuando las mujeres de todos los continentes, a menudo separadas por fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, se unen para celebrar su día, pueden contemplar una tradición de no menos de noventa años de lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo.

El Día Internacional de la Mujer se refiere a las mujeres corrientes como artífices de la historia y hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre. En la antigua Grecia, Lisístrata empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra; en la Revolución Francesa, las parisienses que pedían «libertad, igualdad y fraternidad» marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino.

La idea de un día internacional de la mujer surgió al final del siglo XIX, que fue, en el mundo industrializado, un período de expansión y turbulencia, crecimiento fulgurante de la población e ideologías radicales.

Cronología
1909: De conformidad con una declaración del Partido Socialista de los Estados Unidos de América el día 28 de febrero se celebró en todos los Estados Unidos el primer Día Nacional de la Mujer, que éstas siguieron celebrando el último domingo de febrero hasta 1913.

1910    La Internacional Socialista, reunida en Copenhague, proclamó el Día de la Mujer, de carácter internacional como homenaje al movimiento en favor de los derechos de la mujer y para ayudar a conseguir el sufragio femenino universal. La propuesta fue aprobada unánimemente por la conferencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países, entre ellas las tres primeras mujeres elegidas para el parlamento finés. No se estableció una fecha fija para la celebración..

1911   Como consecuencia de la decisión adoptada en Copenhague el año anterior, el Día Internacional de la Mujer se celebró por primera vez (el 19 de marzo) en Alemania,Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines a los que asistieron más de 1 millón de mujeres y hombres. Además del derecho de voto y de ocupar cargos públicos, exigieron el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral

1913-1914   En el marco de los movimientos en pro de la paz que surgieron en vísperas de la primera guerra mundial, las mujeres rusas celebraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913. En el resto de Europa, las mujeres celebraron mítines en torno al 8 de marzo del año siguiente para protestar por la guerra o para solidarizarse con las demás mujeres.

1917   Como reacción ante los 2 millones de soldados rusos muertos en la guerra, las mujeres rusas escogieron de nuevo el último domingo de febrero para declararse en huelga en demanda de "pan y paz". Los dirigentes políticos criticaron la oportunidad de la huelga, pero las mujeres la hicieron de todos modos. El resto es historia: cuatro días después el Zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Ese histórico domingo fue el 23 de febrero, según el calendario juliano utilizado entonces en Rusia,o el 8 de marzo, según el calendario gregoriano utilizado en otros países.
1975 Coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer, las Naciones Unidas celebraron el Día Internacional de la Mujer por primera vez, el 8 de marzo.

1995 La Declaración y la Plataforma de Beijing, una hoja de ruta histórica firmada por 189 gobiernos hace 20 años, estableció la agenda para la materialización de los derechos de las mujeres.
2014 La 58 Sesión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW58), la reunión anual de Estados para abordar cuestiones relativas a igualdad de género, se centró en los «Desafíos y logros en la aplicación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para las mujeres y las niñas». Las entidades de las Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales (ONG) acreditadas por ECOSOC debatieron sobre los avances realizados y los retos pendientes para cumplir los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio.

La ONU y la Igualdad de Género
La Carta de las Naciones Unidas, firmada en 1945, fue el primer acuerdo internacional para afirmar el principio de igualdad entre mujeres y hombres. Desde entonces, la ONU ha ayudado a crear un legado histórico de estrategias, normas, programas y objetivos acordados internacionalmente para mejorar la condición de las mujeres en todo el mundo.

Con los años, la ONU y sus organismos técnicos han promovido la participación de las mujeres en condiciones de igualdad con los hombres en el logro del desarrollo sostenible, la paz, la seguridad y el pleno respeto de los derechos humanos. El empoderamiento de la mujer sigue siendo un elemento central de los esfuerzos de la Organización para hacer frente a los desafíos sociales, económicos y políticos en todo el mundo.

jueves, 3 de marzo de 2016

7 razones por las que tus panas en el exterior son tu nueva familia

Venezolanos

Hace poco fue mi cumpleaños, el tercero que celebro lejos de mi casa y de mi familia. Y, sí, el término es correcto: celebro.
No voy a negar que a medida que transcurre el tiempo el asuntico de añadirle páginas al calendario no resulta tan divertido. Cada febrero que pasa, mis reacciones son más y más similares a las de Joey.
Pero a pesar de que mi cabello va rumbo a parecerse al de la niña de Frozen y de que ya van 1.095 días sin abrazar a los míos en esa fecha en particular, otras personas se han encargado de hacer que ese momento sea especial. Y otros momentos también.
Sí, son los panas venezolanos que conoces en el exilio y que se convierten en (sí, frase cliché) tu nueva familia escogida. Ya somos más de 2 millones afuera, así que toparse con alguno por ahí y volverse hermanos del alma entre una estación de metro y la siguiente, no es tan difícil. En comunidades más grandes, claro está, hay quienes llegan con la pandilla ya establecida, sin embargo, las experiencias terminan siendo más o menos las mismas.

7. De Soledad Bravo a Miss Popularidad

Ojo, no todo el mundo se topa con su nuevo mejor amigo apenas se baja del avión. Para muchos, los primeros meses son de adaptación e incluso de bastante soledad. Las clases, el idioma, la búsqueda de trabajo, la sobrevivencia sin tener acceso a tu dinero, las mañas de tu casero o de tu compañera de cuarto, el reaprender cómo usar los servicios bancarios o de transporte… en fin, para muchos el inicio de la nueva vida en el nuevo país va de la mano con muchas cosas por hacer y muy poco tiempo para socializar.
Hasta que “te estableces” y un día te das cuenta de que le puedes decir que sí a la reunioncita en casa de la muchacha que conociste aquella vez y que te ha invitado varias veces.
Ahí fue. En adelante, empiezan a surgir arepadas, cachapadas, hallacadas, sanduchadas, celebraciones con pabellón y, cuando ya se les acaba el menú, se vuelven cosmopolitas y les da hasta por explorar cocina de Timbuktú. Obviamente, en algún momento alguien termina sacando un tesorito Diplomático o Gran Reserva y de ahí a pasar a organizar una salida al ventiúnico sitio donde pueden bailar desde salsa cabilla hasta reguetón, hay sólo un pasito.
En adelante, puedes estar seguro de que unos cuantos días de tu agenda van a estar marcados con “Vzla”.
Hallaca
6. Tipo Alejandro Dumas

¿Que zutanito se siente mal y está en el hospital? Ahí están todos llevándole juguito de lechosa, ropa para que se cambie, guarapitos y turnándose para acompañarlo mientras -si la cosa es grave- llegan sus familiares de Venezuela, a quienes -cabe destacar- les toma un par de semanas conseguir el pasaje “de emergencia”.
Pero el “uno para todos y todos para uno” también aplica a situaciones menos drásticas. En lo que haya una graduación, aniversario, obtención de licencia de conducir o incluso la necesidad de aprender a llenar las planillas de impuestos, de seguro todo el grupete estará allí.
En los tiempos en los que Cadivi dejó a más de uno comiéndose un cable, la solidaridad grupal fue clave para resolver los almuerzos y cenas en más de una ocasión.





5. Up and down

No me refiero exactamente a la cancioncita aquella de Vengaboys (#caelacédula), sino a que esto de reinventarse fuera de tu tierra natal no es nada fácil y, emocionalmente, puede ser una montaña rusa.
Hay cosas a las que es difícil acostumbrarse y que pueden crear barreras que no son tan fáciles de superar. Por ejemplo, en algunos países cuando quieres aplicar a un empleo, tienes que escribir una carta de presentación en la que te debes vender como última Coca-Cola del desierto y decir que si no te contratan tu vida perdería sentido. Pasas horas, días escribiendo la bendita carta y ¿qué?… al final ni las gracias te dan.
Ese proceso te toca repetirlo muchas veces y, evidentemente, después de unos cuantos rechazos tu autoestima termina más batuqueada que palmera en huracán. Eso sí, tu escuadra de porristas siempre está ahí para echarte una mano, para enseñarte con el ejemplo, para brindarte la birra que necesitas y para hacerte ver que aunque seas “el nuevo” y “el recién llegado” ya llegará alguien que sepa valorarte.
Nota: Lo último aplica también a relaciones de pareja.





4. Nadie te entiende mejor

¿Puedes creer que intenté transferirle a mi mamá, la tarjeta se me bloqueó y ahora en el banco me dicen que tengo que ir en persona y aparte llevar a un cura que de fe de que yo mismito soy el que firma en esa cuenta?
Cuéntale a un Canadiense, a un Australiano o a un Curazoleño las vicisitudes burocráticas por las que tenemos que pasar los venezolanos y verás cómo un gran signo de interrogación aparece sobre sus cabezas. Nein, ni que lo deletrees te van a entender.
Ahora, reúnete con tus panas venezolanos y, fácil, se les van tres horas de conversa mientras cada uno echa su cuento del más reciente obstáculo con el que le tocó lidiar directamente o a través de algún familiar.
Y procura que no caigan en el asunto de los precios, la inflación, los pajaritos imaginarios, la escasez, el aumento de la gasolina y cómo hacer para ayudar a los que están en Venezuela, porque ahí se es verdad que pueden amanecer.





3. La confianza… los convierte en el correo

A la primera, lo intentas vía courier. Cuando te das cuenta de qué tan arruinada quedaste y de que, para más colmo, en la aduana de Maiquetía te sacaron la mitad de lo que habías enviado y hasta te dejaron un Milky Way a medio masticar, desistes de la idea.
(Ni hablar de cuando te enteras que se están robando documentos importantes para luego matraquearte).
Entonces, tus amigos que tienen el chance de viajar o cuyos familiares los visitan, se convierten en tu correo personal. Con mucha vergüenza empiezas por pedirles que se lleven la carpetica con las fe de vida y las autorizaciones para tu mamá; al siguiente viaje, te atreves a meter un par de regalitos, por no dejar. ¿Que ya llevan unos años conociéndose? ¡Ah no! Zapatos, desodorantes, jabones, acetaminofén y hasta chaquetas les metes bien apretujadas en el equipaje.






2. Filosofan juntos… hasta por Whatsapp

Emigrar es reinventarse y sea que te esté yendo muy bien, muy mal o ahí-ahí, siempre hay un momento en el que te cuestionas si tomaste la decisión correcta.
Bien lo dijo Isabel Allende: “Al emigrar se pierden las muletas que han servido de sostén hasta entonces, hay que comenzar desde cero, porque el pasado se borra de un plumazo y a nadie le importa de dónde uno viene o qué ha hecho antes”.
Darse cuenta de eso, hace que muchos nos tambaleemos. Algunos experimentan un leve desequilibrio pasajero, pero otros entramos en crisis existenciales que requieren una intervención de emergencia de los panas antes de que agarres tus cachachás, te olvides de todo lo que te ha costado llegar a donde estás y tomes el primer avión de vuelta a casa.
Son muchas las maneras en las que tu identidad se ve a afectada durante los primeros años de exilio. Sea que te toque cambiar de profesión o trabajar en un nivel distinto al que tenías en casa, sea que tu acento te convierta en punto de atención entre los locales, sea que estés tratando de descifrar cómo llevarte a un ser querido, o sea que no estés entendiendo bien cómo funciona el mercado de parejas en tu nuevo país, siempre va a haber algo que te va a hacer recordar que eres un poquito diferente del resto en tu nuevo hogar.
Algunos solucionan la crisis con una reunión al estilo de las descritas en el punto 4, con las respectivas bebidas espirituosas incluidas; a otros nos da el arranque en plena jornada laboral y no queda otra que hacer una sesión de apoyo via WhatsApp:
No, mar…c@, ¡yo me largo! No aguanto a esta vieja, que se vaya a freír monos y que vea cómo se consigue a alguien que trabaje como yo.
Acto seguido, te llegan 500 notas de voz recordándote cómo estabas hace un año y cómo estás ahora, cómo debes entender que las cosas funcionan de manera distinta, cómo ellos mismos han superado escollos similares y cómo puedes mandar a “la vieja ésa” a comer …. sin necesidad renunciar a todo.



1. Felicidad apretujada, arrecochinada, amontonada
Entre crisis y altos y bajos, siempre hay acontecimientos que te dan un respiro. Te llegó el permiso de trabajo o de residencia, presentaste la tesis, conseguiste un empleo en el que te pagan 99 centavos más por hora, “la vieja ésa” se disculpó, te mudaste sola, Cadivi te pagó lo que te debía… Si le cuentas algo de esto a un nativo, es probable que su respuesta sea algo como “Ah, okey. Qué bueno. Y, ¿cuáles son tus planes para el fin de semana?”.
En general, quienes están en una circunstancia similar a la tuya son los que pueden entender cuán significativos son esos logros, por grandes o pequeños. La felicidad se vuelve realmente compartida. Son tantas las cosas que terminan atravesando juntos, que todos se sienten parte real de la hazaña alcanzada. A los que están en otra etapa del camino, les da esperanza; a los que están en ese mismo punto, les da satisfacción; a los que ya superaron esa fase hace rato, les da orgullo. A todos, les da extrema y sincera alegría.
Creo que el “fenómeno” se llama “solidaridad”. Eso que, de pronto, a muchos se nos olvida cuando nos toca andar apagando fuegos cada media hora, cuando la meta diaria es sobrevivir y cuando las semanas se pasan intentando resolver necesidades básicas como conseguir un litro de leche o un kilo de pan.




La pasión del Zapatazo


Después de caricaturizar a Venezuela por medio siglo, los trazos de Pedro León Zapata son inextinguibles. A un año de su muerte los Zapatazos ilustrados meses atrás siguen publicándose diariamente sin que su aguda crítica pierda vigencia. El 27 de febrero de 1929 nació este autodidacta de las artes plásticas que desglosó su creatividad destacándose como caricaturista, pintor, escritor y humorista


La historia se sigue escribiendo sin la presencia de quienes ayudaron a construirla. Fascinación y fantasía convergen al cruzar el umbral de la residencia Zapata Comerlati. Es como adentrarse en un museo. No hay clasificación para las obras, pero sobra el arte en cada espacio. Esculturas, cerámicas y pinturas se encuentran por doquier. Hay que ser sigiloso para andar por el apartamento y no tropezar con alguna pieza, aunque ni siquiera esa precaución garantiza la victoria. Más de una creación se ha reducido a trozos después del roce de alguno de los ocho gatos que residen en el hogar.
No hay duda de que allí habitó un amante de la cultura. El penthouse donde vivió Pedro León Zapata durante 31 años fue su templo artístico. Su taller estaba en el segundo piso, pero el resto del apartamento fue una extensión de su ingenio. Las puertas de un closet a mitad de pasillo le sirvieron de lienzo para emular la pinturaGabrielle d’Estrées y su hermana, donde a la prometida del rey de Francia Enrique IV le tocan un pezón. En otras tres puertas quedaron inconclusos los protagonistas del Jardín del Edén. Adán, Eva y la serpiente se plasmaron en dibujo, pero no todos cobraron vida a color.
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Hay otros personajes que sí saludan diariamente. Teresa de la Parra, José María Vargas y hasta Simón Bolívar son compañeros taciturnos en el tráfico caraqueño gracias a Pedro León Zapata. Los conductores de Venezuela es un mural que pausa el pensamiento. La mirada escarba con curiosidad los 1.500 metros cuadrados de cerámica que componen la obra. El muro de contención que separa la autopista Francisco Fajardo del límite norte de la Ciudad Universitaria se revistió del pintor en 1999, pero su trayectoria artística data de medio siglo atrás.
En primaria, Pedro León hacía los dibujos de sus compañeros. Cuando tenía 14 años quedó huérfano de madre —ya había perdido a su padre siendo un niño— y ese vacío lo hizo redireccionar su futuro. Su gusto por la pintura estaba bien definido, así que no culminó el bachillerato en el Liceo San José de Los Teques. En 1945 ingresó en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas, pero tampoco finalizó sus estudios formalmente. En 1947 fue partícipe en la fundación del Taller La Barraca de Maripérez y ese mismo año partió a México, donde vivió hasta la caída del régimen perezjimenista.
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Zapata era escéptico, pero cabe darle el beneficio de la duda a la existencia del destino. Su segundo matrimonio parece haber sido capricho de unos titiriteros que jugaron con él y con Mara Comerlati. Ella, 23 años más joven que él, conocía su obra desde que tenía 13 años de edad cuando se publicó el primer Zapatazo en El Nacional en 1965, donde se mantuvo perpetuamente hasta su fallecimiento. Ya lo admiraba cuando a principios de los años 70, mientras cursaba Comunicación Social, el caricaturista fue invitado a una clase por el profesor Germán Carías Cisco para que sus estudiantes lo entrevistaran. Tres años más tarde coincidieron de nuevo en una cena. Sus reencuentros reincidían pero nada pasaba. Cuando Mara tenía 25 años de edad ya era reportera de El Nacional para la sección de Arte. Cubriendo esa fuente no pudo evitar una entrevista con él, quien diseñaba el vestuario para una obra del Ateneo de Caracas. Allí tuvieron la oportunidad de conversar y luego cada vez que el también escritor iba al periódico, se tomaba unos minutos para visitarla. Reuniones reiteradas en exposiciones culturales llevaron a que sus afinidades encontraran el mismo camino, el cual se prolongó por más de tres décadas.
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“Yo me críe en un ambiente muy sereno de gente trabajadora. Él era igual de sereno. No le gustaban las fiestas donde hubiera música y no se pudiera conversar. No bailaba. Se iba rapidito. Yo también era así. Teníamos muchas cosas en común, la manera de ver la vida y los valores compartidos. Yo por ser hija de viejos y él siendo bastante mayor que yo. Yo no sacrifiqué nada al empatarme con él. Encontré en él la prolongación de la vida que ya llevaba”, afirma Comerlati con voz plácida.
Contestatario democrático
El nombre de Pedro León Zapata resuena entre los caricaturistas más contestatarios de Venezuela. Tanto, que le valió una refrenda en cadena nacional por el expresidente Hugo Chávez, quien espetó “¿Cuánto te pagan, Zapata?” reaccionando a una ilustración que criticaba el militarismo de su gobierno. Esa actitud inconformista también era la estampa de su personalidad, “pero era muy democrático en la casa. No era impositivo ni autoritario. Tomaba en cuenta las opiniones. Esa cuestión contra el autoritarismo la practicaba desde casa”, manifiesta su esposa Mara.

La crítica analítica e irreverente ha sido siempre requisito primordial de la caricatura. Las páginas de El Relámpago ilustraron a un cocodrilo, depredador temible, para simbolizar el apetito voraz del Banco Nacional de Venezuela en 1844.
La predominancia de este género surgió con la revista Fantoches, fundada en 1923 por Leoncio Martínez. El humorista firmaba como “Leo” y, aunque se publicó hasta 1941, desde entonces el fin ha sido el mismo: adversar las gestiones gubernamentales del Presidente de turno. En 1923 el blanco era Juan Vicente Gómez y pese a que Zapata no fue testigo de ese régimen, el apodado “Benemérito” le parecía un personaje particular para esbozar. Incluso un libro le dedicó bajo el nombre de Los Gómez de Zapata.
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Su apellido se convirtió en insignia porque su formación de pintor influía en la estética de sus ilustraciones. “Él le dio una jerarquía a la caricatura que no tenía anteriormente. Una jerarquía desde el punto de vista plástico. Las impregnaba de cultura y le enseñó a la gente a apreciar  eso. A veces uno le podía decir que las personas no entenderían alguna referencia porque el común de la gente no sabía eso y él decía ‘¡Ah bueno, allá ellos!’. No le importaba porque él decía que si no sabían, era un buen pretexto para averiguarlo. No subestimaba a la gente. Consideraba que había que darles lo mejor posible. Él buscaba elevarlos”. Su altivez le hizo merecedor del Premio Nacional de Periodismo en 1967; dos Premios Municipales en 1974 y 1978; y el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1980. Su esposa agrega que “él no vivía para los reconocimientos. Los recibía y agradecía, pero él no vivía para eso. A él lo que le encantaba era gozar. Amaba lo que hacía. Era algo muy determinante en él y fue lo que a través de diferentes vicisitudes de su vida lo ayudó, lo mantuvo firme y seguro para seguir adelante”.
En 1975 Zapata fue condecorado por el entonces presidente Carlos Andrés Pérez. De aquél momento llegó a contar que el mandatario le dijo “quién iba a pensar, Pedro León, que yo te iba a condecorar” y él le respondió, con tono solemne, “el desprestigio es mutuo”.
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Pedro León Zapata era un tachirense de corazón caraqueño que no concebía vivir en un lugar donde no pudiese contemplar El Ávila. Edificios vecinos al suyo —en la urbanización La Florida— nublaron su vista de la montaña, pero algo lograba vislumbrar desde su ventana. Pasear por la Avenida Boyacá (Cota Mil) recorriendo la base del pulmón de Caracas era una sencillez que lo inmutaba.
Trazos interrumpidos
Antes de que el amanecer aclarara la mañana, ya Pedro León Zapata estaba despierto esperando el diario El Nacional. Un repartidor llevaba, y aún lleva, el ejemplar cada madrugada. A las 6 de la mañana cuando se despertaba su esposa Mara, él ya tenía resuelta la caricatura para el periódico. Esta rutina se mantuvo hasta mayo de 2008 cuando tuvo una cirugía a corazón abierto que complicó su salud. Paulatinamente se deterioró su movilidad y capacidad visual. Eso supuso una dificultad para llevar el pan a la mesa, pues eran sus manos, las que plasmaban los Zapatazos, el ingreso fijo para mantener el hogar. Esa barrera debió dejarla atrás y puso a trabajar su ingenio, el verdadero autor de sus obras. Su analítica forma de pensar no solo debió compartirla con Mara, sino que debió cederle la batuta en la ejecución gráfica de sus ideas.

Él siempre sacó los planteamientos de la primera plana, así que Mara se encargaba de leérsela completa para que pudiera armar el rompecabezas. “Primero me dictaba las frases con su voz cuando todavía era bastante inteligible. Eso fue los primeros dos o tres años, pero después esa capacidad se fue deteriorando también. Al final me tenía que dictar letra por letra y cuando ya ni siquiera la letra era comprensible nos comunicábamos por señas. Por ejemplo, si él quería decir una “g”, señalaba a la gata y yo sabía que era “g” de “gato”. Igual con la “p” de “perro”, “t” de “televisión”. Entonces yo buscaba en las caricaturas viejas una que se asemejara al mensaje. La mayoría de los dibujos eran en blanco y negro, pero como el periódico publicaba en color yo se lo agregaba. Y con Photoshop borraba el texto original y copiaba la frase que él me había dictado”, relata para explicar el proceso de elaboración.
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La ilustración del día de su muerte, el 6 de febrero de 2015, bien podría ser publicada un día corriente del año en curso sin perder vigencia. “Lo que pasa es que aquí no tiene la calidad de vida la calidad debida” versaba. Una larga lista de colegas como Rayma, Edo, Weil y Bozzone se encarga ahora de darle actualidad gráfica a la situación país. A Zapata, su ausencia no lo preocupaba. Decía que el humor nunca había estado tan bien representado, que fuera tan abundante y de buena calidad como en este momento, a pesar de toda la crisis.
Su presencia es un boceto
La presencia de Zapata es perenne pese a la redistribución de los muebles en su apartamento. Son tantas las pinturas, dibujos y esculturas hechas por él que la casa parece un museo. Obsequios de la ceramista Aida Gruebler y del escultor y dibujante Cornelis Zitman se cuelan en la decoración. Jesús Soto y Rafaela Baroni no están ausentes. Uno espera que de pronto el silencioso Zapata aparezca y tome uno de los libros dispuestos en vitrinas, mesas, bibliotecas y se siente a leerlo en su poltrona, pero es solo una ilusión del tiempo que se mantiene congelado. “Ya ha pasado un año, pero para mí y sus hijos es un tiempo muy corto. Todavía no sabemos qué vamos a hacer con sus cosas. Tenemos la mejor intención de conservar y difundir su trabajo. Que mantenga, conserve y tenga el lugar que se merece en la cultura del país, en el periodismo. Desearíamos que eso esté a la disposición del público, que pudiera ser objeto de estudio”, expresa Comerlati sobre su partida.
Sería mentira decir que los trazos de Zapata no retratarán más a un país. Sus ideas se mantienen a pesar de la disparidad del calendario. Y aun cuando sus dibujos ya no sean más que una referencia al periodismo gráfico venezolano, ese penthouse de La Florida albergará la obra plástica de quien inmortalizó en lozas multicolores a los conductores históricos de una nación.
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