sábado, 10 de marzo de 2012

Pensar para vivir

 

Una vida saludable mejora la percepción de logro de metas, de la autoimagen y de la actitud hacia la existencia.
La estrategia para desarrollarla es un compromiso individual y social convencidos de que sólo así se mejora la calidad de vida y se alcanza el desarrollo personal.

 Pensar para vivir

Era el principio de nuestra relación, en 1981, cuando él dijo: ‘si me conocieras, no podrías amarme’. Mi respuesta fue: ‘veremos…’. Cuando festejamos nuestro aniversario número 25 le dije: ‘Estabas equivocado: te conozco y te amo’”. Hoy Diane Cirincione (66, psicóloga) y Jerry Jampolsky (87, psiquiatra) llevan 31 años juntos y tienen una hija. Y como fundadores del Centro Actividades que Sanan –en California– ofrecen conferencias y dictan talleres en más de 50 países. “Las ‘actitudes que sanan’ se apoyan en la creencia de que no son las personas ni las condiciones externas las que nos producen estrés sino que son nuestros pensamientos y actitudes los que hacen que nos sintamos agobiados. Nosotros definimos la salud como la paz interna, y la sanación como el liberarse del miedo”, coinciden en diálogo con Para Ti durante su reciente visita a nuestro país.
 
 


Atrás quedó un pasado signado por el alcohol para él y por la violencia en el hogar para ella, y desde que se casaron trabajan para ayudar a otras personas a superar las adversidades. “Intentamos ayudar a curar sus heridas, liberarse de sus penas, encontrar formas de estar en armonía con el otro en vez de pelear tanto”.
Para alcanzar tan ambicioso objetivo, cuentan que se basan en dos herramientas sencillas pero fuertes: el amor incondicional y el perdón. “Esas son las Actitudes que Sanan –afirma Jerry–. Tiene que ver con dejar de creer que lo que nos entristece son situaciones externas a nosotros. En realidad son nuestros propios pensamientos los que nos hacen mal. El mejor regalo que tenemos es la capacidad de elegir los pensamientos y actitudes que vamos a poner en nuestra mente, y así dejar de bloquearnos al amor y dejar de lado el miedo a amar.”
En 1975, Jerry Jampolsky fundó el Centro Actividades que Sanan para asistir a personas enfrentadas a enfermedades graves, eventos catastróficos, pérdida de seres queridos, o simplemente a los retos cotidianos. Luego, se crearon más de 150 centros independientes en 30 países. En 2005 la Asociación Médica Americana le concedió el Premio de Excelencia Médica “por haber dedicado su tiempo y sus esfuerzos a realizar trabajos de voluntariado en favor de los más necesitados”. Por su parte, Diane V. Cirincione es psicoterapeuta especializada en psicología clínica y autora del libro Sonidos del sol de la mañana. “La actitud es una de las cosas más importantes en nuestras vidas –resume su pensamiento y el espíritu de sus enseñanzas–. Es más importante que el tipo de trabajo que tenemos, el nivel educativo o económico, porque es lo que realmente determina si vamos a ser felices o no. Nuestra actitud afecta a casi todo lo que experimentamos, y la mejor parte es que tenemos la oportunidad de decidir qué actitud vamos a tener todos los días, en cada momento de nuestra vida.”
¿Por qué cuesta tanto ser felices? Diane: Muchos de nosotros pensamos que no merecemos ser felices. En la vida elegimos y tomamos decisiones de dos formas: basándonos en el amor o basándonos en el miedo. Y cada día podemos ir para adelante o para atrás en cualquiera de los dos caminos. El trabajo es hacer consciente esta elección para poder hacerla mejor, saber que nuestros pensamientos y creencias establecen el curso de nuestras vidas y, en definitiva, crean nuestra realidad. Tal vez el mayor don que se nos ha dado a los seres humanos es la aptitud para poder decidir qué ideas colocamos en nuestras mentes. Cuando nuestras vidas parecen complicarse, resulta más difícil recordar que un sencillo pensamiento tiene la capacidad de cambiar nuestras actitudes y, por tanto, modificar nuestras vidas.
¿Qué es “el amor incondicional” como herramienta de vida? Jerry: Es saber que nuestro único objetivo al despertar es tener paz interior. Siempre intentamos encontrar a alguien a quien culpar por las cosas malas que nos pasan. Pero deberíamos poder vivir sin culpar al otro ni a nosotros mismos. No quiere decir que nos olvidemos de lo que el otro hizo o que no tenga responsabilidad en lo hecho, pero quiere decir que hay que poner lo mejor de uno para ver el alma del otro. D: Se trata de dejar de lado las ilusiones que tenemos sobre cada uno. Mi ego, mi percepción, crea la ilusión de mi realidad. Por eso, sólo podemos curarlo teniendo nuestros pensamientos claros y desafiando lo que creemos que es verdad.


Suena todo demasiado perfecto… ¿por dónde empezar? D: Lo primero que hacemos nosotros antes de levantarnos de la cama es establecer nuestro objetivo en nuestra mente: la paz mental. Eso significa alcanzar la armonía e integridad en lo que pensamos, decimos y hacemos. J: Otra de las cosas que hacemos a la mañana es decirnos: ‘Este tiene que ser el mejor día de nuestra vida’. Tal vez no lo sea, pero nos dimos cuenta de que cuando uno decide ser feliz es cuando empieza a serlo.
Pero hay días en los que debe costar más que todo ésto suceda tan “mágicamente”. D: Lo primero que hacemos cuando nos despertamos es estar agradecidos por estar vivos, por el día, la luz y el aire. Pero, en general, la gente se levanta todos los días pensando sólo en lo que tiene que hacer. J: ¡Claro que algunas veces nos levantamos deprimidos! Pero si nos focalizamos en todo lo que debemos hacer y en pensamientos negativos, tendemos a convertirnos en un buscador de culpas. Tenemos la capacidad de elegir pensamientos negativos, tóxicos, autodestructivos y condenatorios que producen conflicto y separación, pero también podemos elegir pensamientos positivos, creativos, amorosos, pensamientos centrados en dar y en perdonar… y estos pensamientos nos aportan unión, paz y alegría. Cada día podemos elegir despertarnos con una única meta en nuestras mentes: la paz interna, y recordarnos que nuestra paz interna depende de los pensamientos que elijamos colocar en nuestras mentes, y no de las circunstancias de nuestra vida.
Y si un día alguno de los dos no se levanta tan convencido de todo esto… ¿qué hacen? D: A veces, si el día no está yendo muy bien, uno de los dos se va a dar una vuelta y propone “empezar el día de nuevo”. Es como reiniciar un reloj, ¡y hay veces que llegamos a reiniciarlo cinco o seis veces! (risas). Pero es increíble cómo funciona cuando compartís una intención con la persona que amás. Hay que comprometerse individualmente para después compartirlo.


¿Se puede perdonar todo en una pareja? J: La razón principal por la cual no perdonamos es porque sentimos que esa persona se merece nuestro enojo. Entonces decidimos “sacarle el amor” sin darnos cuenta de que cuando no perdonamos continuamos reteniendo el enojo y nos sentimos miserables. Por eso, tenemos que saber que el perdón es la llave para la felicidad. D: Vengo de una familia de tradición siciliana, y en la estructura de mi familia estaba aceptado darle una cachetada a una mujer. Mi padre fue una persona muy violenta, abofeteaba a mi mamá, y llegaba a un punto en el que parecía que podía matarla. Mi mamá dejó a mi papá cuatro veces, pero en aquellos días, en los ‘50, el cura le decía “volvé y sé una mejor mujer”, y la policía le cuestionaba que no fuera a poder hacer nada al margen de su casa… Yo estaba enojada con él, y ni siquiera su muerte impidió que siguiera sintiendo dolor porque mi opinión no había cambiado. Por eso, elegí perdonarlo, aceptando lo que había sucedido de una manera consciente. Pero no es el perdón como una manera de justificar el pasado sino en el sentido de reconocer fundamentalmente que las heridas que causa el pasado no se van a sanar en el pasado sino en el presente.